Si quieres que algo se debilite, antes debes hacerlo fuerte
Tao Te King
Con Internet ha nacido una nueva perspectiva. Una persepectiva teorizada que algunas empresas han sabido aprovechar a base de ensayo-error fluyendo con la dinámica misma del sistema. La buena noticia es que Internet genera fenómenos y espacios asociados a la inmediatez e instantaneidad que posibilitan una expansión del trato que las empresas tienen con sus clientes. La mala noticia es que también genera pérdida de orientación y picnolepsia (una enfermedad por la cual una persona se ausenta temporalmente de los espacios en un estado de abstracción patológica). Nunca antes en ese contexto y sentido, los verbos ser y estar fueron tan diferentes.
La velocidad es para mi uno de los elementos claves que discriminará entre vencedores y vencidos en el futuro que las empresas estan tejiendo en Internet. Mucho más importante que el tamaño y el músculo. Y no me refiero sólo en términos de innovación. Entiendo la velocidad, al igual que la inteligencia, como un “rasgo” adaptativo, nunca acumulativo, que las empresas deben gestionar. Por lo tanto, no estoy hablando de ser solamente el más rápido, si no de establecer el ritmo adecuado en cada preciso instante incluyendo el silencio y la parada como recursos inherentes en la estrategia misma.
¿Y llegados a este punto que nos queda? Reinventarnos, cuestionar, ser dúctiles, probar, medir, errar… todo ello bajo el estricto metrónomo que nuestro cliente nos impone, pero con el horizonte de la anticipación presente. Hoy en día existe la tecnología y los perfiles profesionales adecuados para gestionar nuestras y sus necesidades, pero muchas grandes empresas aún adolecen de esa picnolepsia antes mencionada cuando creen que para proteger su fortín hacen falta muros mas altos y robustos. Las empresas inteligentes serán las que entienden que el cambio no esta por llegar sin no que ellas mismas son el motor del cambio. Lo dicho, no es una cuestión de fuerza, es una cuestión de ritmo.